
Amelita Baltar
“Balada para un loco fue hecha a mi medida”
Cuando comenzaba a destacarse como folklorista, Astor Piazzolla la eligió como intérprete y musa por años. Hoy, que ha vuelto a la escena nacional junto a Marikena Monti y Susana Rinaldi, dice que “Balada para un loco” es un traje hecho a su medida.
“Ya sé que estoy piantao…”, musitó por primera vez hace 40 años esta señora que inmediatamente resultó elegida por la dupla Astor Piazzolla-Horacio Ferrer como intérprete referencial de sus emblemáticas invenciones. Amelita Baltar lo sabe, aún después de tanto tiempo transcurrido Astor fue el hombre de su vida, no solo por acompañarla sentimentalmente por ocho años, sino por trasplantarla del folklore al tango, sin solución de continuidad.
Alta, delgada y con ese típico timbre de voz que la hizo famosa, la artista que este año volvió a cantar junto a Marikena Monti y Susana Rinaldi en “Tres mujeres para el show”, en “Clásica y Moderna”, habló con La Milonga Argentina sobre política, la vuelta al escenario y su relación de amor-odio con el “padre de la vanguardia tanguera”...
- ¿2009 resultó un año agitado?
- Entre el show con Susana y Marikena y el aniversario de “Balada…” fue duro. Además, con las chicas nos reunimos a hablar porque teníamos que aggiornarnos, porque este espectáculo no se trata de tres mujeres que salen, cantan y ya, sino que tenemos que estar muy juntas y con la empatía que siempre hubo. En realidad, salvo en política, nos entendemos en todo.
- ¿Hay muchas diferencias en política?
- Sí, las chicas son muy distintas, yo tengo un alma radicha que es más fuerte que yo. A Alfonsín lo amaba, espero que el partido pueda volver a su posición porque lo llevo en el alma.
- ¿Y Cobos, cómo le cae?
- No lo tengo mucho. Debe ser la idiosincrasia provinciana que lo vuelve más cauto, no digo que sea mejor, ni peor. Nunca charlamos, pero se necesitan muchas cosas para ser idóneo y encontrar todo eso en un político. Hoy en día es bravo para la gente que ya ha vivido, como yo, porque nos terminamos preguntando si volveremos a ver algo digno.
- ¿Cómo ha repercutido la baja del turismo en la realización de su espectáculo en Clásica y Moderna?
- Hay muy pocos turistas, en un buen porcentaje viene gente grande. Un día se lo comenté a Susana, porque me llamaba la atención: “Parece PAMI”, le dije, notamos que era gente que ya nos vio hace 37 años y hoy renuevan la experiencia. Es muy emocionante para todos.
- ¿Se sienten bien tratadas por la prensa?
- Sí, muy respetadas por lo que somos después de tantos años.
- Respeto no es una palabra menor…
- Claro que no, tiene que ver con la dignidad. Si hay algo que nos emparenta a las tres es que somos minas dignas, que no hemos hecho concesiones en nuestras carreras y que cuidamos mucho lo que hacemos.
- ¿Y cómo las tratan sus colegas más jóvenes?
- La gente joven que no respeta a cualquiera de nosotros, representa a la muerte del tango. He tenido contacto con nuevas cantantes a las que les marco alguna cosita, y me terminan dando bolilla.
- ¿Cómo los ve profesionalmente?
- Me parece que algunos cantantes tienen una sola cosa a favor, que a veces se les vuelve en contra: tienen una voz inmensa y una tesitura enorme, y hay momentos en que están cantando algo y quieren demostrarlo, y el tango es otra cosa, es más reflexivo, más susurrado. Hay palabras que hay que decirlas como en secreto.
- ¿Esa es la diferencia entre una cantante y una intérprete?
- Sí, no se puede impostar todo el tiempo.
- ¿Pero hay nuevos intérpretes?
- Sí, hay. Marcelo Tommasi por ejemplo, me gusta mucho porque no se manda la parte y canta bien. También Noelia Moncada o Claudia Pannone. Cuando me dicen: “Ay lo que pasa es que trabajar en casas de tango me arruina la voz porque ponen la música fuerte y tengo que levantar la voz”, yo les digo, “Sacate el micrófono de la boca y cantá bajito”.
“Astor es un genio, no habrá otro igual”
- ¿Alguna vez trabajó en casas de tango?
- No, porque para hacerlo tendría que ser un lugar que comparta mis ideas. No me gusta mucho el for-export y en esos lugares los cantantes tienen que interpretar las cuatro o cinco canciones que les gusta a los turistas y a los gritos. Me gustaría tener un espacio en una compañía, pero no todas las noches, tendría que ser por mucha plata, para pagarme un spa a diario (Risas).
- ¿Y a la milonga, va?
- Me da vergüenza, si me pudiera poner un antifaz sería feliz. Ojo, no bailo muy bien, pero si me agarra alguien que sabe y me va llevando, puedo. Me encantaría que algún señor bien puesto me lleve.
- ¿Astor no bailaba?
- ¡No! Tenía dos patas izquierdas.
- Se lo extraña mucho…
- El otro día me preguntaban ¿qué querría de Piazzolla? Y dije: “que vuelva un mes para tocar”, sobre todo por los jóvenes que nunca lo pudieron ver y que solo lo conocen por lo que escuchan y los videos. Astor no es vanguardia: es un genio. Y no vamos a tener algo igual. Él podía hacer todo, era un músico de envergadura, que se daba el gusto de escribir grandes conciertos y las canciones más sencillas, como “Chiquilín de bachín”.
- ¿Imaginaron que marcaban un hito en esa época?
- Creo que nos lo demostraban más en Europa. Ayer escuchaba “Libertango” por la orquesta de Pablo Agri, a quién conozco desde que nació, y en un momento me dice Pablo: “¿Este lo tenés, no?”, entonces recordé que Astor lo compuso en Roma, y que en ese momento yo sentía que me aturdía porque lo tocaba una y mil veces hasta terminarlo, así que agarraba al perro y me iba toda la tarde.
- ¿Cómo fue cuando le dio el “Amelitango”?
- Un día estábamos en Roma y me dijo: “Tomá, este es para vos”, después le hicieron cambiar el nombre. Igual eso no me importa en absoluto, me lo dedicó a mí y punto.
- ¿Qué fue lo mejor y lo peor que vivió con Piazzolla?
- Lo mejor fue el amor, aunque no era una época en que las chicas de veintipico salían con señores de cuarenta y pico. Él me invitaba a eventos porque decía que no quería ir solo, hasta que empezó a nacer en mí una ternura enorme. Yo lo amé mucho, pero creo que nunca se dio cuenta. Él me quería muchísimo, creo que hasta cuando se murió y por eso me odió tanto, porque no se puede odiar a alguien hasta el último suspiro si no lo querés. “Dedé” (Wolf, su primera mujer), me dijo hace un tiempo: “Aunque yo quería que te deje para que volviera conmigo, terminé aceptando que vos fuiste el gran amor de la vida de Astor”. Fue el hombre de mi vida.
- Mucha gente siente que es “la viuda” de Astor…
- Después de muchos años, todo el mundo me daba el pésame.
- ¿Nunca pensó en tener un hijo con él?
- Él no quería… Prefiero no hablar de eso.
- ¿Cuántos años estuvieron juntos?
- Ocho. Terminamos, un poco porque él empezó a celarme mucho.
- ¡Es de antología su negro sentido del humor!
- ¡Sí! Vivía haciendo bromas, me volvía loca, me ponía cepillos en la cama, pero no le gustaba que le hagan nada. Recuerdo que un día iba a Rosario y pisó a una serpiente, la juntó y se la puso a Héctor de Rosas en la cama del hotel. Era terrible.
- ¿Cómo funcionaba la dupla con Ferrer?
- Cuando escribían, estaba todo bien.
- ¿Y cómo recibía las críticas negativas?
- Se enchinchaba mucho, con el tiempo llegué a entender que si no hubiera recibido esas críticas y no se hubiera enojado tanto, él que era un tano verdulero, no habría hecho las cosas geniales que creó.
- Hay miles de versiones de “Balada para un loco”, pero la de usted tiene algo especial.
- Es que son trajes hechos a medida, es como mía la canción. La puedo cantar con las mismas ganas y la misma emoción de siempre.
- ¿Alguna vez pensó en dejar el canto?
- No, aunque soy una persona que sufre mucho esta profesión. Unos minutos antes de cantar no me entra el aire, siento pánico. Después de subir al escenario, la cosa cambia.
Florencia Guerrero y Silvia Rojas – Fotos / Photos: Alejandra Marín
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