Empezó a ir a las milongas del Club Atlanta cuando tenía 12 años, pero en ese entonces no bailaba: acompañaba a su hermana, La Ñata, quien sí ya le sacaba viruta al piso. María Nieves Rego, entonces una chiquilina, ni soñaba con convertirse en la más famosa bailarina argentina de tango a nivel internacional. Ni imaginaba que dos años después conocería a quien sería su ya legendario compañero de baile, Juan Carlos Copes y que juntos conformarían la pareja más popular de la Argentina, triunfando en los teatros de la calle Corrientes, en televisión, y en prestigiosos escenarios del extranjero para cerrar su trayectoria juntos integrando el elenco del consagrado “Tango Argentino”. Hoy, la porteñísima bailarina vuelve a escena como una de las protagonistas de “Tanguera”, el musical ganador de muchos premios y elogiosas críticas que se repone otra vez en el teatro El Nacional.
Amante del tango, milonguera de ley, profesional impecable, esta artista tan nuestra como la calle Corrientes cuida cada detalle para las fotos: la ropa, el maquillaje, el peinado… todo. Luego, ya en la tranquilidad de su casa de calle Maure, junto al mate y sus inseparables cigarrillos concede una charla abierta y sincera. Auténtica, como dice ella.
“Yo aprendí mirando, nena, a mi no me enseñó nadie”, empieza a contar esta leyenda viva de la milonga y el tango escenario.…
- ¿Y entonces, qué piensa de las escuelas?
- Estoy en contra de las escuelas. ¡Total! Es una mentira. Nadie es dueño de la verdad en el tango. Yo siempre les digo cuando doy alguna clase: ¡no hay mejor maestro que ir a la milonga! A gastar zapatos, a recibir y dar patadas y pisotones. ¡Es verdad, nena! A mí, por ejemplo, me gusta bailar con plié, pero a otros les gusta con las piernas duras. Yo digo: “cintura”, y vas a otro lado y te dicen: “no, mové el cuerpo entero”. Entonces, no hay una verdad para enseñar a los chicos.
- Junior Cervila nos dijo en un reportaje anterior que usted y Copes les habían regalado una profesión, llevaron el tango al escenario…
- Ah, Junior es un agradecido. Hay otros bailarines que estuvieron con nosotros y nunca nos reconocen como referentes… Nosotros no tuvimos referentes. ¿Sabés cuál era el mío? Cid Charisse. Yo era una enamorada de ella, me veía sus películas cinco o seis veces. ¡Pero ella era una gran bailarina, yo una simple tanguera!...
- ¿Y en el Club Atlanta, tampoco tenía un referente?
- ¡No, no… yo nunca, ni remotamente, pensé que con el tango iba a hacer carrera! Yo pensaba que el tango era ir al baile a divertirse, nada más, como el rock. Lo que pasa es que mi ex compañero tuvo la visión de hacer algo con el tango. Fue un visionario.
- En esa época, los años 50, hacían matinée los domingos, ¿no?
- Sí, los domingos a las dos de la tarde ya nos estábamos maquillando en el teatro. Encabezaban Nélida Roca, Adolfo Stray, Pepe Arias, todos los grandes... Carlos A Petit, un visionario, dijo: “vamos a ver qué hacen estos pendejos” y nos contrató. ¡Éramos veinte personas bailando tango, la platea se venía abajo, nena…!
- ¿Y les pagaban bien en esa época?
- No. Ni nos pagaban, ni nos pagan bien hoy. El bailarín es el último orejón del tarro en el tango. Porque el cantor cobra más porque tiene su grabación y en la radio se la pasan. Pero si nosotros no estamos, no nos ven ni cobramos.
- A los bailarines jóvenes les están pagando entre 50 y 70 pesos la noche, pero sin jubilación.
- ¡Pero si yo no estoy jubilada! Intenté jubilarme por todo lo que le di al país y nadie había aportado por mí, y Variedades me sacaba el porcentaje. Algún día, cuando esté en el cajón, me la van a dar…
- ¿El bailarín está muy desprotegido?
- Totalmente. Ahora está la Asociación de Maestros y Bailarines, pero no pueden hacer nada… Si el Gobierno de la Ciudad, con los campeonatos, hacemos de jurado y es una miseria lo que te pagan…
- ¿Cómo se siente con sus compañeros jóvenes de esta etapa de su carrera?
- Muy bien, muy querida. Yo con los jóvenes me relajo, me cuidan, me dan energía y me miman.
- ¿Cuándo fue la última vez que bailaron juntos con Copes?
- Tango Argentinonos unió en el 2000. Fuimos a Broadway a recibir el Nuevo Mileniun. Segovia nos convenció y fue la vez que mejor me pagaron en mi vida.
- Después de separarse, ¿con quién volvió a bailar?
- Con Luis Pereyra, él me dio la posibilidad, y fijate vos, era el número más aplaudido. Eso fue en el Avenida y en el Recova Plaza.
- ¿Después de Luisito empezó con Tanguera?
- Sí, pero entre Luisito y Tanguera tuve un parate largo. Hasta que bailé con Luisito pasaron dos años largos. Estuve mucho tiempo sin laburar.
- En lo personal, ¿Tuvo un solo amor?
- No. Tuve varios amores. Fuera de la milonga…
- ¿Siente que vivió lo que merecía?
- Sí, porque lo busqué yo.
- ¿Y qué es lo que buscaba?
- Yo no buscaba nada.
- Quiero decir, ¿qué buscaba en un hombre?
- Lo que le gusta a cualquier mujer: una persona que te de amor y por sobre todo, respeto. Que te valore como mujer.
- ¿Y lo encontró?
- Sí, pero lo dejé pasar… por tonta, por seguir con el tango. Por eso yo siempre digo que así como el tango me dio mucho también dejé mucho en el camino. No importa su nombre, ponele… Juan, no tenía nada que ver con el ambiente.
- ¿Le exigía que dejara el tango?
- Claro, él quería que dejara. No lo pude convencer, me quería sola para él. Quería una vida normal.
- Hoy, cuando se acuesta y cierra los ojos, ¿piensa que hizo lo correcto?
- Ah, sí, duermo muy tranquila. Fue mi elección. No me quejo, sé adaptarme a todo. A tener mucha guita y a pasar hambre. Eso no me quita el sueño.
- ¿Por qué no tuvo hijos?
- No se pudo, por el trabajo. Yo elegí no tenerlos.
- Mariano Mores me dijo que la mayor recompensa para él era el aplauso del público.
- Para mí, el aplauso es la mejor vitamina que hay. Antes no me daba cuenta porque iba, bailaba y te aplaudían, pero ahora es como que me asusta un poco darme cuenta de cómo me quiere la gente. Van pasando los años y querés dar y no podés dar lo que vos quisieras, entonces te parece que la gente se te va a alejar. ¡Pero a mí la gente me ama! ¡Me ama la gente! (Repite con énfasis). El otro día fui a bailar, solamente me nombraron y no paraban de aplaudir. Eso me gusta, pero me cohíbe también.
- El Gobierno de la Ciudad tiene el proyecto de crear un ballet de tango. ¿Le gustaría que la llamen?
- Yo no me siento maestra, me da vergüenza enseñar. Sí puedo hablarles a los chicos de mis experiencias. Yo siempre digo: “nací para bailar tango y me voy a morir bailando tango”. Mi misión en la vida es sublime, porque me di cuenta que tengo “algo” con el público, tengo un feeling muy especial. Cuando salgo a bailar ya siento en la piel al público y viceversa. Porque mucha gente me dice: “Gracias por la energía que nos tira”. Hay “algo”…
- ¿Cómo ve la milonga hoy?
- Hace mucho que no voy a los bailes. Me llaman de todas partes, pero no voy. Tengo ganas de quedarme en casa, de levantarme temprano. A las 9 ya estoy en la cama. Vivo al revés de lo que viví toda mi vida, ahora disfruto del día. La gente de día es diferente a la de la noche.
- ¿Y cuál es la fórmula para llegar tan bien como está usted?
- Que bailen tango, ese es mi único secreto.
- ¿El cigarrillo es su único vicio?
- El único. ¡Total!
- ¿Cómo fue la experiencia de conocerlo a Duvall?
- No me interesó nunca… Cuando estábamos en Los Ángeles hacía asados, yo me guardaba para el show. Siempre tuve esa conducta de no ir a fiestas, a asados ni a reuniones. Yo me quedaba en mi casa, me cuidaba para el show.
- ¿Y de todos los compañeros que tuvo en Tango Argentino, a quién recuerda con más cariño?
- A todos los recuerdo porque hemos compartido muchos años, no es que hicimos una temperada sola. Como diez años, desde el primer estreno en el 83 en el Chatelét de París. Después fui a varios lugares de Europa hasta que nos llevaron a Broadway y ahí es cuando bailamos para la Casa Blanca y nos hicieron un homenaje. Fuimos a Japón dos veces, en fin, dimos la vuelta al mundo. Tango Argentino es uno de los espectáculos donde realmente nos hemos sentido artistas y respetados. Claudio Segovia y Héctor Orezoli nos respetaban, buscaban los hoteles cinco estrellas para nosotros y ellos se daban cuenta de que con eso los respetaban a ellos como empresarios. Aparte de talentosos, eran muy vivos.
- Llama la atención que ese espectáculo, que renueva al tango y genera un antes y un después, haya sido hecho por dos artistas que no eran tangueros.
- Pero tuvieron la visión. Siempre venían y decían que querían hacer Tango Argentino y cuando se iban me acuerdo que comentábamos entre nosotros: “Son dos locos estos, nunca lo hacen, lo proponen, pero no lo hacen”. Ellos estaban como buscando hasta que encontraron la punta del ovillo y lo lograron.
- Acá nadie daba un peso por el espectáculo.
- ¡Si acá nunca dieron un peso por el tango!
- ¿Usted cree que este “auge” es una moda?
- Ojalá que no. Quiero pensar que estas personas jóvenes que están se van a retirar pero van a venir otros que se van a enamorar del tango, y va a seguir y van hacer cosas diferentes, que es lo que está faltando. No copias, sino cosas diferentes.
- Una renovación auténtica.
- Una renovación total… ¡Tango electrónico, no por favor!
Silvia Rojas
Fotos: Alejandra Marín
|